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lunes, 25 de febrero de 2013

SI...




Si puedes estar firme cuando en tu derredor
todo mundo se ofusca y tacha tu entereza;
si cuando dudan todos, fías en tu valor
y al mismo tiempo sabes excusar tu flaqueza;
si sabes esperar y a tu afán poner brida,
o blanco de mentiras esgrimir la verdad,
y siendo odiado al odio no darle cabida,
y no ensalzas tu juicio ni ostentas tu bondad
si sueñas pero tu sueño no se vuelve tu rey;
si el Triunfo y el Desastre no te imponen su ley
y los tratas lo mismo como a dos impostores;
si puedes soportar que tu frase sincera
sea trampa de necios en boca de malvados,
o mirar hecha trizas tu adorada quimera
y tornar a forjarla con útiles mellados;
si todas tus ganancias poniendo en un montón
las arriesgas osado en un golpe de azar,
y las pierdes, y luego con bravo corazón
sin hablar de tus pérdidas vuelves a comenzar;
si puedes mantenerte en la ruda pelea
alerta el pensamiento y el músculo tirante
para emplearlos cuando todo en ti flaquea
menos la voluntad que te dice: adelante;
si entre las turbas das al a la virtud abrigo;
si marchando con reyes del orgullo has triunfado;
si no pueden herirte amigos ni enemigos;
si eres bueno con todos, pero no demasiado,
y si puedes llenar los preciosos minutos
con sesenta segundos de combate bravío,
tuya es la Tierra y todos sus codiciados frutos,
y lo que más importa, serás HOMBRE, hijo mío.

RUDYARD KIPLING



Quise compartirles estas hermosas palabras que he leído por ahí y que en lo personal me han ayudado mucho en estos días en que no la he pasado muy bien ya que la salud de mi padre se vio fuertemente quebrantada, pero gracias a Dios ya esta en casita con nosotros nuevamente y recuperándose.
Espero que les gusten  y y sirvan de fortaleza al igual que a mí. De antemano gracias por sus visitas y por sus palabras, son de gran valía. Les dejo un fuerte abrazo y los llevo en el corazón.

martes, 12 de febrero de 2013

LA HUERTA


Aspiro el aroma del café, que caliente y humeante reaviva mis sentidos, con la taza entre mis manos observo el inicio del día a través de mi ventana,  el sol nace apenas en el horizonte,  claro, fuerte, espléndido, anunciando un buen día pletórico de luz.
Me gustan los días soleados, necesito la luz y la calidez del sol, me llenan de energía, de vida. Me dispongo a vivir a plenitud cada minuto.  Me parece un buen momento para visitar a mis padres,  y mi pueblito querido, aspirar sus aires y encontrarme con mis raíces  esas  que llevo arraigadas en el alma y que son parte de la mujer que soy, una mujer  que a pesar de las caídas  sabe levantarse cada vez con mas fuerza  sin importar la herida, cada cicatriz es un orgullo puesto que cada una representa una lección aprendida y por ende me ha dado una gran dosis de sabiduría que sin duda aplico a cada paso que doy,  a estas alturas de mi vida puedo decir que el paso es mas firme,  mas fuerte, mas seguro, pero  siempre cauteloso.
Sin pensarlo mas tomo mi bolsa y emprendo la salida, a una media hora de camino se empieza a divisar El Tepozán, mi lugar de origen, un rinconcito escondido entre dos cerros y que en esta temporada empieza a reverdecer  esperando la primavera, desde el coche observo a lo lejos sus casas, sus chimeneas humeantes,  sus hermosos patios adornados por infinidad de plantas y flores de diversas clases y colores, es una característica de mi gente,  a las amas de casa les gusta su casa limpia, ordenada y en sus patios las plantas y las flores le cantan a la vida.  Mi pueblo aunque chico es un pueblo de gente  buena, que le gusta el progreso y que hace lo posible por salir adelante y dar lo mejor a sus familias.
  Calles adentro mi corazón empieza a latir con más fuerza,  veo esa casita que visito a menudo y que es como un refugio para el alma cuando se encuentra cansada, fuente inagotable de paz.   Mis padres me salen al encuentro con los brazos abiertos y la alegría dibujada en sus rostros, solos y ya grandes de edad es un gusto enorme cuando alguno de sus hijos recuerda el nido donde crecimos.  Después del almuerzo, es inevitable, mis pasos se dirigen a mi lugar preferido, la huerta, es una huerta que mi padre ha mantenido aun con sus menguadas fuerzas,  higos, limoneros, aguacates, naranjas, etc.  hacen de la vista una fiesta de verdor  y relax.  Me gusta caminar bajo las  sombras que protectoras  se  yerguen en días cálidos como este,  fijo mis ojos en el horizonte, el sol en todo su apogeo, la melodía del viento llega a mis oídos y  acaricia mi rostro con suave frescura, me siento bajo la sombra  del árbol mas verde y frondoso y el tiempo retrocede sin remedio ,  y  vuelvo a los juegos de mi niñez, a  los días en que todo era fácil y mi vida transcurría mágicamente, esos años de antaño en que mis ojos miraban el mundo de un modo muy diferente, esa niña tímida,  pero feliz, que  le gustaba el silencio,  las flores, las noches estrelladas y la naturaleza.  Esa niña que vive dentro, muy dentro de mí  toma  figura bajo el resplandeciente sol  y camina despacio lentamente hacia mí,  abro mis brazos y nos fundimos en un fuerte abrazo… vuelvo a ser yo.  De vez en cuando,  sobre todo cuando los problemas me asfixian y no encuentro salida, cuando la melancolía por esa época tan linda de mi vida me llega al alma, corro a su encuentro, y que mejor lugar que este,  donde ha quedado una gran parte de mi  y que guarda impregnada  entre sus ramas, entre sus aires, entre sus flores,  la fuerza y el equilibrio que alimenta el espíritu inquebrantable de la mujer que hoy soy.
Con un gran suspiro vuelvo a al presente,  aspiro hondo y fuerte grandes bocanadas de vida,  me levanto, y ya sin miedos y con mas fortaleza que nunca, sigo andando mi camino.